Irán bajo asedio: cómo los periodistas informan desde una nación sin Internet

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Los recientes ataques coordinados de Israel y Estados Unidos contra un complejo militar en Teherán han desencadenado una respuesta inmediata y drástica del gobierno iraní: un apagón casi total de Internet. Esta no es una táctica nueva; Irán tiene un historial de cortar conexiones digitales durante las crisis, citando preocupaciones de seguridad y al mismo tiempo silenciando efectivamente la disidencia y controlando la narrativa.

La situación es particularmente grave para los periodistas, activistas y ciudadanos que intentan documentar los acontecimientos sobre el terreno. Sus opciones son crudas: sortear las restricciones a riesgo de ser arrestados, o permanecer en silencio mientras el mundo está intencionalmente cegado a la realidad. Como explicó Mostafa Zadeh, periodista radicado en Teherán: “El derecho a la información es siempre la primera víctima cuando el gobierno prioriza sus objetivos de seguridad”.

Apagones recurrentes y escalada de represión

Este apagón sigue un patrón. Durante las protestas de 2022 provocadas por la muerte de Mahsa Amini, las autoridades estrangularon o cortaron repetidamente el acceso a Internet para interrumpir la comunicación. Se produjeron cierres similares durante la guerra de 2025 entre Irán e Israel, que dejaron a las familias desconectadas y al mundo exterior inconsciente de los acontecimientos que se desarrollaban.

Lo que está en juego ha aumentado considerablemente. Los amplios cambios legales introducidos a finales de 2025 ahora conllevan la pena de muerte para cualquier persona acusada de espionaje, especialmente si está vinculado a Israel o Estados Unidos. Este efecto paralizador ha empujado a muchos periodistas a abandonar métodos de alto riesgo, incluso aquellos con acceso a herramientas satelitales como Starlink, por temor a ser detectados por la inteligencia iraní.

Soluciones alternativas y riesgos

A pesar del peligro, algunos periodistas y activistas siguen operando. Los métodos incluyen aplicaciones de mensajería cifrada (Signal, Threema), llamadas internacionales, SMS y contrabando de vídeos cifrados fuera del país. Las organizaciones de derechos humanos incluso han introducido de contrabando terminales Starlink en Irán para proporcionar a los disidentes capacidades de presentación de informes en tiempo real, aunque esto conlleva un riesgo extremo.

La dependencia de las imágenes satelitales de proveedores comerciales (Maxar Technologies, Planet Labs) y de la Agencia Espacial Europea está aumentando. Al comparar fotografías de antes y después, los periodistas pueden evaluar la destrucción, pero verificar el número de víctimas sigue siendo imposible sin fuentes sobre el terreno. Un periodista, Baqir Salehi, enfatizó que “Esa distinción… es una línea que me niego a cruzar”.

El precio de permanecer conectado

El esfuerzo para evitar el apagón es inmenso. Los equipos fuera de la zona restringida analizan imágenes oficiales cuadro por cuadro, geolocalizando marcadores visuales para confirmar eventos militares. Cada archivo tiene un hash criptográfico para demostrar su autenticidad y los datos se fragmentan para su transmisión encubierta.

Los riesgos están aumentando. Amnistía Internacional informó de más de 1.000 ejecuciones en Irán en 2025, más del doble que el año anterior. Al menos 15 personas han sido ejecutadas por presunto espionaje para Israel desde que comenzaron las hostilidades. Los activistas que dirigen las operaciones de Starlink deben reubicarse constantemente para evitar ser detectados por la fuerza paramilitar Basij, donde la captura puede significar la muerte.

Erfan Khorshidi, que dirige una organización de derechos humanos que opera en Irán, reconoció el peligro: “Mi mayor preocupación hoy es que un miembro del equipo pueda ser arrestado mientras viaja de Teherán a otra ciudad para utilizar dispositivos Starlink”. Sin embargo, añadió, “pero es lo que podemos hacer para mantener el flujo de información”.

La supresión sistemática de información por parte del gobierno iraní refleja una tendencia más amplia de regímenes autoritarios a utilizar el control digital como arma contra la disidencia. La situación en Irán plantea interrogantes críticos sobre el futuro del periodismo en zonas de conflicto y hasta dónde llegarán los gobiernos para silenciar a la oposición.

Las medidas extremas adoptadas por Irán subrayan una verdad fundamental: cuando los regímenes priorizan la seguridad por encima de todo, la libre circulación de información es la primera víctima.