Rockwell International se erige como una corporación estadounidense diversificada. Alguna vez fue un contratista aeroespacial líder. La empresa fabricó vehículos de lanzamiento y naves espaciales para el programa espacial estadounidense. Sus raíces, sin embargo, se remontan a mucho más atrás que la era del alunizaje.
La historia comienza con North American Aviation, Inc. Se constituyó en 1928. Esta entidad comenzó como una sociedad de cartera. Controlaba varias empresas de aviación. El giro hacia la fabricación se produjo rápidamente. El Cuerpo Aéreo del Ejército adjudicó un contrato por 42 aviones. Este acuerdo requirió el desarrollo del entrenador BT-9. El éxito allí abrió las compuertas.
Para la Segunda Guerra Mundial, la escala había cambiado. Norteamérica produjo el bombardero B-25 Mitchell. También construyó el Mustang P-51. Ese avión de combate resultó decisivo. Se convirtió en uno de los aviones de mayor éxito de la guerra. La demanda de la posguerra mantuvo en movimiento las líneas de montaje. Le siguió el avión F-86 Sabre. Los militares necesitaban nueva tecnología.
La exploración espacial exigía más potencia. Norteamérica desarrolló los cohetes Thor, Redstone, Júpiter y Atlas. Estos lanzaron satélites y cápsulas estadounidenses. Alcanzaron la órbita a finales de los años cincuenta y sesenta. Esto convirtió a la empresa en un actor fundamental en materia de defensa.
La fusión de 1967 y el cambio de nombre
En 1967 se produjo un cambio importante. Norteamérica se fusionó con Rockwell-Standard Corporation. La nueva entidad se llamó North American Rockwell. Adoptó el nombre de Rockwell International en 1973. La identidad de la empresa fusionada se basaba en dos historias distintas.
Los orígenes de Rockwell se encuentran en Oshkosh, Wisconsin. El coronel Willard Rockwell fundó allí una pequeña planta de ejes. Comenzó en 1919. La planta produjo ejes para camiones para uso militar en la Primera Guerra Mundial. En 1928, se fusionó con Timken-Detroit Axle Company. Timken-Detroit lideró en ejes de servicio pesado.
El enfoque cambió durante la década de 1930. Rockwell trabajó con el Departamento de Guerra de Estados Unidos. Diseñaron transmisiones para camiones y tanques. Siguió la expansión a todas las piezas de automóviles. En 1958, Rockwell entró en la fabricación de aviones. Adquirió Aero Design and Engineering para hacer ese movimiento.
Apolo, lanzadera y diversificación
La empresa fusionada siguió siendo un importante contratista gubernamental. Construyó los motores del cohete Saturn V. Esos motores llevaron a los astronautas del Apolo a la luna. Rockwell también construyó los orbitadores del transbordador espacial. Construyó sus motores principales. La estructura del bombardero B-1B procedía de Rockwell.
El éxito no garantizaba la estabilidad. La década de 1980 trajo un giro estratégico. Rockwell se diversificó en productos electrónicos y automotrices. El objetivo era claro. Reducir la dependencia de los contratos espaciales y de armas del gobierno de Estados Unidos. Este fue un movimiento consciente del riesgo.
La empresa se convirtió en un importante fabricante de chips para módems. Produjo aviónica comercial. Se incorporaron al portafolio equipos de automatización de fábricas. El sector aeroespacial siguió siendo rentable, pero el equilibrio de poder cambió.
La adquisición de Boeing
El fin de la era aeroespacial llegó en 1996. Rockwell vendió sus negocios aeroespacial y de electrónica de defensa. El comprador fue The Boeing Company. La transacción marcó el final de una era independiente.
Rockwell International había evolucionado desde un fabricante de ejes. Se convirtió en un gigante espacial. Luego se diversificó hacia la electrónica de consumo. La venta final a Boeing consolidó la industria. El legado permanece en el hardware que surgió. La estructura corporativa no.
La compensación era clara. Independencia de escala. Experiencia en nichos para un mayor alcance en el mercado. Rockwell eligió lo último. La pregunta es si esa decisión protegió su valor a largo plazo. Los registros sugieren que estabilizó los flujos de ingresos. No acabó con la empresa. Simplemente cambió lo que construyó.
























